Entre la rabia y la resiliencia, dos formas de ser víctimas
Por: Katherin Arévalo Carrión y Diana Isabella Sánchez
Colombia sigue construyéndose sobre ecos que se resisten a desaparecer. Los sonidos que escucharemos a continuación intentan reconstruir, desde la escucha, un fragmento de nuestra memoria colectiva, la del Palacio de Justicia que, cuarenta años después, todavía exige verdad. Según el Informe Final de la Comisión de la Verdad (2022), la ausencia de claridad sobre lo que ocurrió con las víctimas representa una herida abierta en la historia del país. Documentos recopilados por el Centro Nacional de Memoria Histórica y los análisis judiciales de la Corte Interamericana de Derechos Humanos evidencian un patrón de silencio institucional y una larga lucha por reconocimiento y reparación (a quién). A eso, se suman los informes de la Fiscalía General de la Nación y los dictámenes técnicos de Medicina Legal, que muestran la búsqueda paciente y dolorosa de restos y nombres que aún esperan justicia. En medio de esa realidad, emerge la pregunta que guía esta galería sonora: ¿Cómo suena la memoria cuando la verdad ha sido negada durante décadas? Cada ambiente que escucharás hace parte de una reconstrucción que no pretende explicar, sino despertarel eco de la rabia, la dignidad de quienes no se rinden y la persistencia de un país que se debate entre recordar y olvidar. Este es un recorrido auditivo que invita a escuchar lo que durante años se intentó callar. ¡Abramos los oídos!
Este capítulo no busca contar una tragedia más, sino escuchar lo que durante décadas fue ignorado. La voz de Fabiola Hernández ejemplifica a quienes transformaron el dolor en una fuerza difícil de nombrar, pero imposible de callar. Hablamos de rabia, pero no de furia ciega, sino, de una rabia digna, nacida del amor, de la ausencia y de la lucha por una justicia que nunca llegó a tiempo. Una historia que sigue viva. Una historia que el país aún debe escuchar.
Entre el eco y el silencio, aparece la historia de Amelia mantilla, quien ejemplifica a las víctimas que aprendieron a sostener la vida cuando todo se quebró sin aviso. Es una historia contada desde la calma, la calma de quien entendió que seguir adelante también es una forma de resistencia. Este capítulo explora la resiliencia, no como un discurso herico, sino como una práctica silenciosa y humana. Levantarse, reconstruir, continuar, incluso cuando la verdad tarda años en llegar y la justicia sigue sin respuestas completas. Una historia que recuerda que la memoria no siempre se escribe con gritos, sino con la fuerza tranquila de quienes se niegan a desaparecer.



